Y fin.
Los cuatro moteros del apocalipsis (IV).
Siempre me fijo en cómo se marca la calavera bajo la piel. Cuando se trata de diosas, fetichizo los huesos divinos antes que su carne. Y ella tenía una calavera perfecta, de diosa de la muerte. (Esto me recuerda a una diosa insegura que se puso bótox, qué desagradable fue no poder ver adecuadamente la estructura ósea). He visto muchas calaveras hermosas, llevo cruzando autopistas y autopistas con mi moto desde el principio de los tiempos, y nunca había visto una calavera como esta.
Soy un dios del motociclismo que por tercera vez atraviesa los campos de la muerte. La muerte es un valle inmenso atravesado por un río donde la sombra fresca alcanza todos los rincones. La muerte es el sonido de unos pasos acercándose. Me buscan en todas las jurisdicciones. No quieren que esté aquí, pero si pudieran ya me habrían ejecutado. ¿Has conducido a más de 400 kilómetros hora? Eres humano, no puedes entender la amplia mayoría de los números. Al aire libre, más allá de los 400 kilómetros hora, todo es abstracción, número, la cara se te descomprime igual. Pero qué es un número a decir verdad. Detrás del 1 no hay nunca tan solo una unidad. Ningún nombre dice nada de la persona. Nadie tuvo nombre. Todos los nombres de la historia son salteadores de caminos que asesinaron a grandes hombres anónimos.
El valle de la muerte es un lugar tranquilo. Solo hay río, incontable río, solo hay sombras, infinitas sombras. Detrás de todos los números solo hay ambición. Solo hay unos en el desierto. Allí donde aparecen los números, la necesidad de contar y de ordenar, llega la destrucción. El uno no es una unidad. Una unidad siempre es algo un poco más, un poco menos que un uno. El uno es un enorme monolito acumulando arena. Son las voces de cientos de huesos enterrados en el desierto. Un enorme templo en el desierto. Una corriente de arena que siempre remonta su propia historia. Cientos de miles de nombres borrados por el paso del agua, por la acumulación de polvo. Que remonta un ciclo. Quién puso a los hombres a labrar y cultivar. Quién acompañó a las tropas hasta la muerte en un enfrentamiento despiadado con el otro culto.
El valle de la muerte es el río que se construye por sí mismo. Son todas las moléculas del río. Son todos los microorganismos del río. Las enfermedades. Los protozoos. Las temperaturas. Los brillos. Son los dioses del río que acompañan la vista, que acompañan el tacto. Aquí, en este valle la muerte se puede sentir libre, se puede sentir el mundo y su complejo vivo-muerto en toda su intensidad. Aquí es fácil de sentir el ruido de una mosca, la ansiedad del deseo en el paladar. Lloras porque piensas en edificios derrumbándose como las dunas. ¿Estaba el derrumbe ya pensado en los planos del arquitecto? ¿Qué sabe la muerte de ti? Piensas en dios cada vez que haces algo malo y te sientes solo. ¿Pero y si Dios solo se acuerda de ti cada vez que ingieres esa caloría que no deberías? ¿Y si a Dios solo le importase que retornes junto a él?
¿Cuál es el olor de la muerte? Un cuerpo hinchado descomponiéndose. Una hoja seca. Un lago de azufre. Unos vertidos industriales. Unas escamas de serpiente. Unas plumas de cuerpo. La digestión de un buitre. Unos huesos en el aire. Olor a deseo. Olor a que pase rápido el tiempo. Olor a décimas de segundo. No, la muerte se parece más a una ciudad que no sirve para nada. Una ciudad llena de autopistas incapaz de conectarse con transporte público. La muerte es inflación y es deflación. Es una vorágine de precios hasta el infarto y la sobredosis. Son ciudades eternamente oscuras porque no sale rentable iluminar.
-No te confundas -advirtió aquella mujer de perfecta calavera -la muerte no tiene diosa, solo adoradoras, soy una concubina de todo lo que ha muerto.
Su timbre de voz un sonido, un tacto y una gravedad propia al hablar.
-¿Qué sabes de mis amigos muertos?
-Eres un tío y no tienes solución. Crees que por tener muchos amigos, muchos amigos con nombres viejos, crees que por recordar los nombres de todos tus amigos, entiendes todo lo que hay que tener para ser un hombre.
-No, no es eso. Es que llevo muchos años conduciendo. Me preocupan. ¿Qué ha sido de ellos?
-Dímelo tú. ¿No podías haberles evitado entrar en esa casa abandonada fabricada en paredes de amianto? Tú y solo tú eres el responsable del cáncer de tu amigo quince años después.
Hay más sabiduría, más profundidad, más riqueza en este valle que en toda la filosofía. La muerte siempre ha sido más profunda que cualquier concepto, que cualquier movimiento deductivo. Que la filosofía es menos productiva, menos profunda, menos interesante, que todo lo vivo, es una verdad casi tautológica. La vida siempre se impone al pensamiento. Pero el caso es que la filosofía es menos interesante incluso que la muerte. No tiene su toque plano, su sabor a desierto, a río seco, a Tercer Mundo.
¿Es el río el flujo del tiempo? El flujo del tiempo puede ser cualquier cosa. Una célula que late, una explosión que eterniza cada segundo, una línea que no acaba, un reguero de sangre de un dios que va escapándose que va perdiéndose. ¿Es el tiempo barbarismo y destrucción, todo lo que no se puede explicar, todas las contradicciones de lo racional y lo sagrado?
El tiempo es un concepto vacío, y por ende filosófico. La muerte es ese pasajero silencioso que se acerca. Es ese pasajero que viene y te sugiere que tu tiempo ya ha sido. Es el último momento que queda, sin importar si la tierra está empezando a nacer. Es el fin que va justo antes del otro fin.


Me encanta. Quiero leer algo de esto, y hacer un vídeo, y que Ashley le ponga música. Todo es muy Nick Cave, como si recitara sus novelas delirantes a Lana del Rey.............
No he podido evitar imaginarme al motorista como Heráclito (barbudo, gamberro y taciturno), y a la diosa de la muerte como la Sabiduría del Antiguo Testamento (huesuda, críptica y más gamberra aún). Qué miedo me da la Muerte, Madrid... Me encanta ocultar el miedo bajo conceptos y debates, bajo imágenes y símbolos, pero hay algo crudo en la Muerte que has sabido encapsular muy bien en tu texto, algo gamberro pero honesto, violento pero consolador. Creo que estoy divagando... Me ha encantado ♥️💀