Pizza!!!!
Los cuatro moteros del apocalipsis. (I).
Cuando abrió el primer sello, oí al primer ser viviente, que decía: «Ven». Miré y vi un caballo blanco, y el que montaba sobre él tenía un arco, y le fue dada una corona, y salió vencedor, y para vencer.
Apocalipsis, 6:2
¿Cómo quieres la pizza? ¿Más pepperoni? ¿Con bacon? Le pongo bacon. ¿Con anchoas? Se las pongo. ¿Más piña? ¿Más cápsulas de MDMDMDMDMDM’-C-C-C-C? Listo, al horno. Otra pizza. ¿Cómo quiere la pizza? Ajá, voy apuntando en la libreta, rezando por entender los embutidos italianos y siglas de los psicotrópicos. Pizza napolitana estilo neo-metropolitano. Perfecto. Ya sabes lo que dicen: If you like pizza swip right!!! :P 😉. Sí, jaja, claro que acepto propinas.
Últimamente me despierto por las noches con el pecho sudando y acelerado absorbido por la idea de que escribir se parece cada vez más a preparar una pizza. Y no puedo con esta vida de pizzero de Glovo. Si es gratis, es porque el producto eres tú, así que no te quieres ni imaginar lo que eres cuando te pagan a ti por ello. Casi me pasa por encima una furgoneta blanca. Encima está lloviendo en Nuevos Ministerios, el asfalto está desbordado de barro y árboles muertos.
Para aprender a escribir mejor (y poder publicar algún día bajo un sello editorial) me apunté a una escuela de pizzas. Escribir es un camino a lo subterráneo, a las oscuridades goteantes y carcomidas de la sociedad y el pensamiento. Escribir es una confrontación directa con lo Real. Y lo Real no sabe a parmesano, no sabe a albahaca, pero bueno, le puedes poner orégano o queso de microondas con proteína enriquecida. Lo Real es irritantemente aburrido. ¿Pero qué otra cosa vas a hacer con tu vida? Cuando has estado en lo Real tu capacidad de entretenimiento se ve extraordinariamente mermada y solo puedes escribir. Escribir siempre ha sido meter la mano dentro de la boca del vampiro, y notas cómo los dientes afilados te rozan la piel, y rezas para que no muerda, y rezas para no cortarte con los dientes afilados y rezas porque no te contagie alguna enfermedad jodida, y sobre todo rezas para que no te huelan las manos a sangre y a glutamato. ¿Quién ha oído hablar de un vampiro que se lave los dientes?
Los profesores de escritura son profetas modernos de la vida. Desde la IA ya nadie les compra libros, así que ahora solo viven de dar clase de escritura. Publicar libros es un sello para el currículum del profesor. El profesor te habla de Dios, pero Dios es solo una instancia. Sus estándares para la escritura son más que radicales. Sus textos no tienen riesgo solo tienen estilo. Estilo puro para que no cuestiones su escritura. Ni siquiera habla de adjetivos o adverbios, solo expresa con muecas qué piensa de la pizza, el profesor balancea la mano y te dice tienes que meterle más gancho a ese texto para que la masa suba. ¿Por qué? Dios. Dios es lo contrario a lo Real de la escritura, porque Dios es una promesa de salvación, pero para llegar tienes que dar dinero y tratar de desentrañar qué quería decir el profesor de escritura con sus consejos de escritura. Pero Dios solo entiende de pizzas, igual que lo Real solo entiende de aburrimiento. Y la espada del profesor de escritura cortará todas las cabezas de los que hagan mal una pizza en el reino de Dios. Y hay algunos que siguen estas instrucciones y de verdad que intentan hacer bien la pizza, pero la hacen sin amor en el corazón. Esos también morirán.
Te vas a matar como sigas conduciendo así. Madrid está imposible con la lluvia. Siguiendo las instrucciones del profesor de escritura debes entregarle una pizza al villano. El villano es un narcotraficante echado en un sofá de 20 000 euros, que tiene la tapicería quemada porque se ha puesto hasta arriba de ácido. Ell villano está en la habitación 13 de la Planta 666 del Hotel. Normalmente los hoteles evitan esa clase de números, pero el suelo es tan caro en Madrid que tuvieron que recurrir a números prohibidos para no tener que ampliar el solar. Y quién si no un narcotraficante hasta arriba de ácido para pagarlo. Con la tele emitiendo contenido frito. La época dorada de la televisión está por venir. Como ya nadie veía la televisión los gobiernos olvidaron prorrogar las regulaciones de contenido (los gobernantes son gen Zs con la memoria extremadamente limitada por tanto Tik-Tok). Ni siquiera quedan parámetros básicos anti epilepsia. La televisión desbordada de brillos y resoluciones prohibitivas, contenido híper absurdo, híper sexualizado. Ver la televisión es casi síntoma de exclusión social. De niveles terminales de drogadicción. Con el cerebro frito. Comiendo pizza, la máxima territorialidad con su animalidad de narcotraficante. La Magnum K847 apoyada en el queso derretido y la mejilla sobre el cañón, se va a despertar con una mancha roja en la cara, y un día, sin cara.
La puerta está abierta, pasas y colocas la pizza encima de la bola de queso derretido, pasas un poco de miedo porque tienes que apartar el fusil-Magnum para colocar tu pizza. Hay un billete de 50 en el suelo. Lo tomas. Piensas que no deberías chupar ese billete ni pagar con él a personas que creas que tengan alto potencial de chupar el billete por si cayó encima algo del ácido del narco. Ojalá escribir para la televisión, piensas, estoy harto de que escribir sea hacer pizzas.
Aquí la paradoja. Tu profesor de escritura está a sueldo del narcotraficante. Él se compromete a enviarle las mejores pizzas preparadas por sus alumnos y a cambio el narcotraficante le cuida. El narcotraficante ama las pizzas, pero ciertamente tiene el cerebro frito de meterse ácido y ver televisión. No sabe que los alumnos de la escuela de pizzas podrían darle un contenido de televisión excelente (híper resolución, híper violencia, híper marginalidad) si se dejasen llevar por ese Real aburrido-insípido que hay en ellos, y su calidad de entretenimiento (el narcotraficante es un sádico que no está preparado para el aburrimiento de lo Real) mejoraría considerablemente. Fácilmente se puede concluir que Dios no es una instancia vacía, Dios es el cerebro del narcotraficante, tan fundido como el queso.
Y esa es mi vida, atravesando Madrid en la moto entre dos camiones de reparto, con los camioneros gritándose entre ellos y provocándose, amenazando con chocar los dos camiones sin esperar a que yo termine de pasar, prefiero que me hubiese mordido el vampiro la mano a acabar siendo salsa de tomate yo. Esa es mi vida. ¿Cómo quieres la pizza? La agonía de la avaricia, el tráfico en Madrid, y las pizzas a demandas, tan humanistas, compiten con las instancias impersonales del narcotráfico, las plataformas y la escritura de toda la vida.
Pero aquí sigue la paradoja: Cada vez queda menos para que el Capitalismo se convierta en un lugar insoportablemente aburrido.


¿Viste Pizza Movies, de Carlo Padial? Creo que sería un buen prefacio o suplemento al texto. ¡Muy bueno!
Nunca se me había ocurrido que el "brainrot" tardocapitalista pudiera ser materia literaria, pero, en tus manos, cualquier aspecto de la realidad (por muy aburrido o desmoralizador que resulte) puede desembocar en un texto extraordinario. ¡¡Qué vertiginoso!! ¡¡Qué insultante!! ¡¡Qué gamberro!! Me encanta me encanta ❤️❤️