¿Cuándo se pasará este hambre de devorar la vida interior de los demás?
Consejos para abordar la belleza en primavera (IV).
La persona a tu lado está mirando fijamente el móvil, y tú te asomas a ver qué está viendo. Ni siquiera disimulas. Qué poca elegancia. ¿Por qué lo haces? ¿Sabes que no hay un dios diablillo para los cotillas? ¿Sabes que el Dios grande de los cielos es el único Dios para los cotillas, el de sentirse culpable, el que te observa fijamente cuando no respetas la privacidad?
Un poco de contexto: Has cogido el Metro en primavera. Velocidad. Rutina. Hedor humano. Ciclo alergénico. Te estás perdiendo un baño de sol madrileño. Movimiento de pura inercia. Gérmenes. Impaciencia. Dolor de cabeza. Tiempo perdido. Y entonces te sientas. La persona a tu lado está usando el teléfono. Necesitas distraerte con algo. Necesitas velar por la seguridad del tren y contrastar que la persona de al lado no es terrorista. Y lo más importante, estás en el Metro, estás a salvo de tu propio Dios.
¿Es solo eso? ¿No será más bien que has cogido el Metro precisamente buscando una excusa que te ayude a tener la valentía de mirar el móvil de la persona de al lado? ¿No será que el propio gesto de asomarte, de espiar la pantalla de otro ser humano, te activa, te empuja a mirar? ¿No será, más bien, tu instinto depredador? ¿Por qué te excita tanto mirar? ¿Qué tienen de excitante la vida privada de las otras personas? Para Dios, para tu Dios, el Dios de los cotillas, esto no es meramente un placer culpable, como si fumases un cigarrillo o te corrieses antes de tiempo, para tu propio Dios estás siendo un pervertido, a pesar de que ese mismo Dios sea pura perversión. Dios se va a dar cuenta de lo que has hecho en cuanto vea tu cara al salir a la calle.
No, no es eso. Son las pantallas, las pantallas están hechas para ser miradas. Eso es lo que sucede. Con sus luces, con sus movimientos, atrae, dispara y propulsa tu sistema nervioso, revoluciona tus procesos neurálgicos. Es la puta sociedad empujándote a ser un ludópata. No eres libre. Eras víctima de pantallas y adrenalina. Cómo no vas a fumar el cigarrillo de la persona que fuma a tu lado. Cómo no vas a beberte la pantalla de la persona que está a tu lado. Ni siquiera recuerdas lo que has visto en tu pantalla, ni siquiera recuerdas lo que has visto en la pantalla de al lado. Dios entenderá que es un acto reflejo fruto del más puro instinto neuroneardental.
Sí, sí, sí. Pero no te atreverás a negar que no recuerdas qué has visto en la pantalla de al lado porque te has decepcionado. Esperas encontrarte desnuda a la otra persona. No te vale con IA, no te vale con salir a cenar, quieres verlo en su pantalla, ni siquiera te gusta, no es tu tipo de persona, a ti te gustan con más dinero, con más mala leche, con más elegancia, lo que quieres de esta persona no es tirártela, es beberte su alma, sexualizarla primero y después bebértela, y que no se entere nadie, ni tus amigas, ni tus padres, ni nadie que viva dentro de ti, quieres sus nudes, su cuenta bancaria, sus diarios íntimos. ¿Por qué piensas que los vampiros no soportan la luz del sol ni los espejos? ¿Por qué no puedes respetar la privacidad? Dios te ha dejado que cojas el Metro porque confía en ti… y tú así se lo agradeces.
No, no, de verdad que no. Te buscas a ti. A ti, a ti… Buscas una red intersubjetiva de flujos. Buscas una Otredad. Lo esencial no está en la superficie. Qué es el yo sino su prójimo. Amarás al prójimo como a ti mismo. Amarás, mirarás su pantalla. Cómo podrías empatizar con su vulnerabilidad de otra manera. Tal vez no somos otra cosa que dolor y carne y sangre. Tal vez Dios es comunidad, y en esa solidaridad fraternal empieza y acaba todo.
No me lo trago. ¿Qué tiene que decir Freud sobre el voyeurismo? ¿Cómo contrasta un profundo deseo con ser una persona unánimemente admirada con este secreto vicio de vigilar pantallas ajenas? Una ventana abierta en el techo del Metro y la luz del sol radiante lo ilumina todo. ¿Estás dentro de las Meninas? No, no es eso. Es Dios, solo Dios podría haberse agachado desde el cielo, haber abierto un agujero en la tierra, en las tuberías de gas y agua, y en los túneles de metro, y en el tren en marcha en el metro, para iluminarte la cara con el sol, para apuntarte directamente a la cara y hacer que veas tus propios vicios a la cara.


Dios es un stalker y nosotros también. Muy divertido y original. ✨
Me he sentido incómodamente identificado con cada frase del texto. No sé dónde termina la búsqueda del Otro y dónde empieza la curiosidad morbosa. Tampoco sé en qué se diferencian la omnipresencia divina y la omnipresencia digital. Hay tantas cosas que no sé... Y aquí estoy, tratándolo de descubrir en el nuevo post de Madrid por la noche. Brillante ❤️🔥